El Avaro

El Avaro

Escena II

MAESE SANTIAGO.— (Al fondo de la escena, volviéndose hacia el lado por donde ha salido). Ahora vuelvo. Que lo degüellen en seguida, que le tuesten los pies, que lo pongan en agua hirviendo y que lo cuelguen del techo.

HARPAGÓN.— (A Maese Santiago). ¿A quién? ¿Al que me ha robado?

MAESE SANTIAGO.— Hablo de un lechoncillo que acaba de enviarme vuestro intendente y que voy a aderezar a mi manera.

HARPAGÓN.— No se trata de eso, y aquí está el señor con quien hay que hablar de otra cosa.

COMISARIO.— (A Maese Santiago). No os asustéis. No soy hombre que os difame, y las cosas marcharán sin tropiezos.

MAESE SANTIAGO.— ¿El señor está invitado a cenar?

COMISARIO.— Es preciso, mi querido amigo, no ocultar nada a vuestro amo.

MAESE SANTIAGO.— A fe mía, señor, mostraré todo cuanto sé hacer y os trataré lo mejor que sea posible.

HARPAGÓN.— No se trata de eso.


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