El Avaro
El Avaro COMISARIO.— ¡SÃ! Mas yo no tengo la intención de haberlos hecho gratuitamente.
HARPAGÓN.— (Señalando a Maese Santiago). Como pago, os entrego a este hombre para que le mandéis ahorcar.
MAESE SANTIAGO.— ¡Ah! ¿Cómo hay que proceder entonces? ¡Me apalean por decir la verdad y quieren colgarme por mentir!
ANSELMO.— ¡Señor Harpagón, hay que perdonarle esa impostura!
HARPAGÓN.— ¿Pagaréis, entonces, al comisario?
ANSELMO.— Sea. Vamos pronto a participar nuestra alegrÃa a vuestra madre.
HARPAGÓN.— Y yo, a ver mi arquilla querida.
FIN