El Avaro
El Avaro HARPAGÓN.— ¡Fuera de aquà al momento y que no se me replique! Vamos, toma el pendingue de mi casa, gran maese fullero, verdadera carne de horca.
FLECHA.— Aparte: No he visto nunca nada tan perverso como este maldito viejo; y creo, con perdón, que tiene el demonio en el cuerpo.
HARPAGÓN.— ¿Refunfuñas entre dientes?
FLECHA.— ¿Por qué me echáis?
HARPAGÓN.— ¿Vas a pedirme explicaciones tú, so bigardo? Sal de prisa, antes que te acogote.
FLECHA.— ¿Qué os he hecho?
HARPAGÓN.— Pues me has hecho… desear que te marches.
FLECHA.— Mi amo, vuestro hijo me ha ordenado esperarle.
HARPAGÓN.— Vete a esperarle a la calle y no permanezcas en mi casa, plantado como un poste, observando lo que pasa y aprovechándote de todo. No quiero tener delante sin cesar un espÃa de mis negocios, un traidor cuyos condenados ojos asedian todos mis actos, devoran lo que poseo y huronean por todos lados para ver si hay algo que robar.
FLECHA.— ¿Cómo diantre queréis que se las compongan para robaros? ¿Sois un hombre robable cuando todo lo encerráis y estáis de centinela dÃa y noche?
