El Avaro
El Avaro CLEANTO.— SÃ, padre mÃo.
HARPAGÓN.— ¿Y que serÃa un partido deseable?
CLEANTO.— Muy deseable.
HARPAGÓN.— ¿Qué tiene aspecto de ser una buena esposa?
CLEANTO.— Sin duda.
HARPAGÓN.— ¿Y que se hallarÃa satisfecho con ella un marido?
CLEANTO.— Seguramente.
HARPAGÓN.— Hay una pequeña dificultad, y es que tengo miedo de que no se consiga con ella todo el caudal que podrÃa pretenderse.
CLEANTO.— ¡Ah, padre mÃo! ¡No debe considerarse el caudal cuando se trata de casarse con una persona honrada!
HARPAGÓN.— Perdonadme, perdonadme. Mas lo que hay que decir es que si no se encuentra con ella todo el caudal que se desea, puede uno intentar resarcirse en otra cosa.
CLEANTO.— Se comprende.
HARPAGÓN.— En fin, me satisface ver que compartÃs mi opinión, pues su honesta apostura y su bondad han conquistado mi alma, y estoy resuelto a casarme con ella, con tal que posea algún caudal.
CLEANTO.— ¿Eh?
HARPAGÓN.— ¿Cómo?