El Avaro
El Avaro FLECHA.— Es cierto, y asà lo he dicho. Tenéis que pensarlo.
CLEANTO.— ¿Qué quieres que piense? Necesito dinero, y tengo que acceder a todo.
FLECHA.— Ésa ha sido mi respuesta.
CLEANTO.— ¿Hay algo más?
FLECHA.— Escuchad. Se trata sólo de una pequeña cláusula: «De los quince mil francos solicitados, el prestamista no podrá entregar en dinero más que unas doce mil libras; y para los mil escudos restantes tendrá el prestatario que aceptar las ropas de vestir y de la casa, y las joyas, cuyo inventario va a continuación, y que el referido prestamista ha justipreciado, de buena fe, en el precio más módico que le ha sido posible».
CLEANTO.— ¿Qué quiere decir eso?
FLECHA.— Escuchad el inventario: «Primeramente, un lecho de cuatro patas con cenefas de punto de HungrÃa, sobrepuestas con gran primor sobre una sábana color aceituna, con seis sillas y el cobertor de lo mismo; todo ello bien dispuesto y forrado de tafetán tornasolado rojo y azul. Más un dosel de cola, de buena sarga de Aumale, rosa seco, con el fleco y los galones de seda».
CLEANTO.— ¿Qué quiere decir eso?