El Avaro
El Avaro FLECHA.— He aquà algunas cláusulas que él mismo ha dictado a nuestro intermediario para que os sean enseñadas antes de hacer nada: «Supuesto que el prestamista confirme todas sus garantÃas y que el prestatario sea mayor de edad y de una familia con caudal amplio, sólido, asegurado, claro y libre de toda traba, se extenderá un acta auténtica y exacta ante un notario que sea lo más honrado posible, y el cual, para esos efectos, será escogido por el prestamista, a quien interesa más que esa acta esté debidamente redactada».
CLEANTO.— Nada hay que decir a esto.
FLECHA.— «El prestamista, para no cargar su conciencia con ningún escrúpulo, pretende no dar su dinero más que al cinco y medio por ciento».
CLEANTO.— ¿Al cinco y medio? ¡Pardiez! Eso es honrado. No puede uno quejarse.
FLECHA.— Es cierto. «Mas como el mencionado prestamista no tiene en su casa la suma de que se trata, y, para complacer al prestatario, se ve obligado él también a pedirla prestada a otro, sobre la base del veinte por ciento, convendrá que el referido primero prestatario abone ese interés, sin perjuicio del resto, considerando que sólo por complacerle el susodicho prestamista se compromete a ese préstamo».
CLEANTO.— ¡Cómo, diablo! ¿Quién es ese árabe? Asà resulta más del veinticinco por ciento.