El Avaro
El Avaro (Al fondo de la escena).
MAESE SIMÓN.— SÃ, señor; es un joven que necesita dinero; sus negocios le apremian a encontrarlo, y pasará por todo cuanto le prescribáis.
HARPAGÓN.— Pero ¿creéis, maese Simón, que no se corre ningún riesgo? ¿Y sabéis el nombre, los bienes y la familia de ése por quién habláis?
MAESE SIMÓN.— No; no puedo informaros de ello muy a fondo, y sólo por casualidad me han dirigido a él; mas él mismo os lo aclarará todo, y su presentador me ha asegurado que os satisfará conocerle. Todo cuanto puedo deciros es que su familia es muy rica, que él no tiene ya madre y que os garantiza, si queréis, que su padre morirá antes de ocho meses.
HARPAGÓN.— Eso ya es algo. La caridad, maese Simón, nos obliga a complacer a las personas cuando nos es posible.
MAESE SIMÓN.— Eso ya se sabe.
FLECHA.— (Bajo, a Cleanto, al reconocer a maese Simón). ¿Qué quiere decir esto? ¡Nuestro maese Simón hablando con vuestro padre!
CLEANTO.— (Bajo, a Flecha). ¿Le habrán dicho quién soy? ¿Y estarás tú aquà para traicionarme?
MAESE SIMÓN.— ¡Ah, ah! ¡Buena prisa tenéis! ¿Quién os ha dicho que era aqu�
