El Avaro
El Avaro FLECHA.— Soy criado suyo, y no conoces todavÃa al señor Harpagón. El señor Harpagón es, de todos los humanos, el menos humano; de todos los mortales el más duro y el más avaro. No hay servicio que incite su gratitud hasta hacerle abrir la mano. Alabanzas, aprecio, benevolencia de palabra y amistad, todo lo que queráis; mas dinero, en absoluto. No hay nada más seco y más árido que su buena acogida y sus arrumacos, y dar es una palabra por la que siente tal aversión, que no dice nunca: os doy, sino os presto los buenos dÃas.
FROSINA.— ¡Dios mÃo! Conozco el arte de sonsacar dinero a los hombres; poseo el secreto de lograr su cariño, cosquillear sus corazones y encontrar los puntos por donde son vulnerables.
FLECHA.— ¡Bagatelas en este vaso! Te desafÃo a que enternezcas, por el lado del dinero, al hombre de que se trata. Es un ser inflexible en eso; de una dureza que desespera a todo el mundo; y ya puede uno reventar, que él no se conmueve. En una palabra: ama al dinero más que a la reputación, al honor y a la virtud, y sólo la vista de un pedigüeño le produce convulsiones. Es herirle en su sitio mortal; es atravesarle el corazón, arrancarle las entrañas; y si… Mas aquà vuelve; me retiro.