El Avaro
El Avaro FROSINA.— Ha recibido la proposición con alegrÃa, y cuando la he manifestado que deseabais grandemente que su hija asistiera esta noche al contrato de esponsales que debe firmarse para la vuestra, ha accedido ella gustosa y me la ha confiado para eso.
HARPAGÓN.— Es que me veo obligado, Frosina, a dar de cenar al señor Anselmo, y me alegrarÃa mucho que participase ella del festÃn.
FROSINA.— Tenéis razón. Debe ella, después de comer, visitar a vuestra hija, y desde aquà tiene el propósito de dar una vuelta por la feria, para venir luego a la cena.
HARPAGÓN.— Pues bien, irán juntas en mi carroza, que les prestaré.
FROSINA.— Eso le parecerá muy bien.
HARPAGÓN.— Pero, Frosina, ¿has hablado a la madre respecto a la dote que pueda dar a su hija? ¿Le has dicho que era necesario que ayudase un poco, que hiciese algún esfuerzo, que se exprimiera en una ocasión como ésta? Porque, eso sÃ, no se puede uno casar con una joven sin que aporte algo.
FROSINA.— ¡Cómo! Es una joven que os aportará doce mil libras de renta.
HARPAGÓN.— ¡Doce mil libras de renta!