El enfermo imaginario
El enfermo imaginario ARGAN.— ¡Si no la sujetas te maldigo!
ANTONIA.— Y yo, si os obedece, la desheredo.
ARGAN (Dejándose caer en un sillón, rendido de correr tras ella).— ¡Ay, no puedo más!… ¡Esto me costará la vida!