El enfermo imaginario
El enfermo imaginario ARGAN.— No.
ANTONIA.— Además, que os van a aturdir, y en el estado en que estáis, lo peor es que os carguen la cabeza.
ARGAN.— Te digo que no. La música me deleita y me encontraré muy a gusto… Aquà viene ella. Ve a ver si mi mujer se ha levantado.