El enfermo imaginario
El enfermo imaginario TOMÁS.— Señor: Aquí llego a saludar, reconocer, amar y reverenciar a un segundo padre. Pero a un segundo padre al cual, me atrevo a declararlo, soy más deudor que al primero. El primero me ha engendrado; vos me habéis elegido. Aquél me acogió por obligación; vos me adoptáis graciosamente. Lo que recibí del primero fué obra de la materia; lo que de vos recibo es acto de la voluntad; y tanto más las facultades espirituales son superiores a las materiales, tanto más os debo y tanto más aprecio esta futura unión, por la cual vengo ahora a expresaros anticipadamente mis más humildes y rendidos respetos.
ANTONIA.— ¡Bendito sea el colegio de dónde salen estos hombres!
TOMÁS.— ¿He estado bien, padre?
DIAFOIRUS.— ¡Óptimo!
ARGAN (A Angélica).— Vamos, saluda al señor.
TOMÁS (A Diafoirus).— ¿Debo besarle la mano?
DIAFOIRUS.— Sí, Sí.
TOMÁS (A Angélica).— Señora: Con justicia os ha concedido el cielo el título de madre, puesto que…
ARGAN.— Ésa no es mi mujer, es mi hija.
TOMÁS.— Pues ¿dónde está?
ARGAN.— Vendrá ahora.
TOMÁS (A Diafoirus).— ¿Aguardo a que venga?
DIAFOIRUS.— Saluda a la hija.