El enfermo imaginario
El enfermo imaginario ARGAN.— En resumen: toda la ciencia de este mundo está encerrada en tu mollera, y tú sabes más que todos los grandes médicos de nuestro siglo.
BERALDO.— Tus grandes médicos tienen dos personalidades: si los oyes hablar, es la gente más lista del mundo; pero si los ves hacer, no hay hombres más ignorantes que ellos.
ARGAN.— ¡Ya, ya! Veo que eres doctÃsimo; pero celebrarla que se hallara presente alguno de esos señores para que rebatiera tus razonamientos.
BERALDO.— Yo no me dedico a combatir la medicina. Buenas o malas, cada uno tiene sus ideas, y cuanto te he dicho ha sido en el seno de la intimidad y con el propósito de sacarte de tu error. Ahora, para distraerte, te llevarÃa a ver una comedia de Molière precisamente sobre este tema.
ARGAN.— ¡Valiente impertinente está el tal Molière…! ¡Me parece de muy mal gusto hacer chacota de gente tan respetable como los médicos!
BERALDO.— No es de los médicos, sino de lo ridÃculo de la medicina.
ARGAN.— Y ¿quién le manda a él inspeccionar la medicina? Es una necedad y una inconveniencia burlarse de las visitas y de las prescripciones y elegir un cuerpo de personas tan venerables para sacarle a escena.