El enfermo imaginario
El enfermo imaginario ANTONIA.— Eso pide venganza.
PURGON.— ¿Puesto que os habéis declarado en rebeldÃa contra mi tratamiento…?
ARGAN.— ¡De ningún modo!
PURGON.— Vengo a declaraos que os abandono a vuestra pobre constitución, a la intemperancia de vuestras entrañas, a la corrupción de vuestra sangre, a la acidez de vuestra bilis y a vuestros malos humores.
ANTONIA.— ¡Muy bien hecho!
ARGAN.— ¡Dios mÃo!
PURGON.— ¡Antes de cuatro dÃas habréis llegado a una situación incurable!
ARGAN.— ¡Misericordia!
PURGON.— ¡Caeréis en la bradipepsia!
ARGAN.— (Suplicante). ¡Señor Purgon!
PURGON.— De la bradipepsia, en la dispepsia.
ARGAN.— ¡Señor Purgon!
PURGON.— De la dispepsia, en la enteritis.
ARGAN.— ¡Señor Purgon!
PURGON.— De la enteritis, en la disenterÃa.
ARGAN.— ¡Señor Purgon!
PURGON.— De la disenterÃa, en la hidropesÃa.
ARGAN.— ¡Señor Purgon!
PURGON.— De la hidropesÃa, en la extinción de la vida, a lo que os habrá conducido vuestra locura. (Sale).