El médico a palos
El médico a palos LUCAS.— Señor D. Bartolo, ¿qué hacemos?
BARTOLO.— Aparte: Aquel libro de sermo sermonis[7] que llevaba el chico a el aula. ¡Aquél sà que era bueno!
GINÉS.— Vaya, basta de meditación.
LUCAS.— ¿Será cosa de que otra vez…?
(En ademán de volver a dar).
BARTOLO.— ¡Qué!, no señor. Sino que estaba pensando en el plan curativo… ¡Pobrecito Bartolo! Vamos.
(Los dos le cogen en medio, y se van con él por la izquierda del teatro).