El médico a palos
El médico a palos (Salen los tres primeros por la puerta de la izquierda).
BARTOLO.— Don Casimiro, púlsela usted, obsérvela bien, y luego hablaremos.
D. JERÓNIMO.— ¿Conque en efecto es mozo de habilidad, eh?
(Va Leandro y habla en secreto con Doña Paula, haciendo que la pulsa. Andrea tercia en la conversación. Quedan distantes a un lado Bartolo y Don Jerónimo, y a otro Ginés y Lucas).
BARTOLO.— No se ha conocido otro igual para emplastos, ungüentos, rosolÃs[13] de perfecto amor y de leche vieja, ceratos[14] y julepes[15]. ¿Por qué le parece a usted que le he hecho venir?
D. JERÓNIMO.— Ya lo supongo. Cuando usted se vale de él, no, no será rana.
BARTOLO.— ¿Qué ha de ser rana? No señor, si es un hombre que se pierde de vista.
Doña PAULA.— Siempre, siempre seré tuya, Leandro.
D. JERÓNIMO.— ¿Qué? (Volviéndose hacia donde está su hija). ¿Si será ilusión mÃa?… ¿Ha hablado, Andrea?
ANDREA.— Si, señor, tres o cuatro palabras ha dicho.