El médico a palos
El médico a palos GINÉS.— Echa otra vuelta por ahÃ.
LUCAS.— ¿Y no sabes que el amiguillo este habÃa dado en la gracia de decir chicoleos[17] a mi mujer?
GINÉS.— Anda, que ya las vas a pagar todas juntas.
BARTOLO.— ¿Estoy ya bien as�
GINÉS.— Perfectamente.
MARTINA.— (Saliendo por la puerta derecha). Dios guarde a ustedes, señores.
LUCAS.— ¡Calle, que está usted por acá! Pues ¿qué buen aire la trae a usted por esta casa?
MARTINA.— El deseo de saber de mi pobre marido. ¿Qué han hecho ustedes de él?
BARTOLO.— Aquà está tu marido, Martina; mÃrale, aquà le tienes.
MARTINA.— (Abrazándose con Bartolo). ¡Ay, hijo de mi alma!
LUCAS.— ¡Oiga! ¿Conque ésta es la medica?
GINÉS.— Aun por eso nos ponderaba todas las habilidades del doctor.
LUCAS.— Pues por muchas que tenga no escapara de la horca.
MARTINA.— ¿Qué está usted ahà diciendo?