El Misántropo
El Misántropo SÃ, yo miro esos defectos contra los que vuestra alma se subleva, como vicios inherentes a la naturaleza humana; y en fin, no se siente más herido mi espÃritu al ver a un
hombre trapacero, injusto, interesado, que al ver cuervos hambrientos de carnicerÃa, monos dañinos o feroces lobos.
ALCESTE
¿Me verÃa yo traicionar, hacer pedazos, robar, sin que...? ¡Pardiez!, no quiero hablar, tan lleno de despropósitos está ese razonamiento.
FILINTO
¡A fe mÃa! Haréis bien en guardar silencio, en escandalizar un poco menos acerca de vuestro contrario y en ocuparos de vuestro proceso.
ALCESTE
No me ocuparé nada, es cosa dicha.
FILINTO
¿Pero quién queréis entonces que abogue por vos?
ALCESTE
¿Que quién quiero? La razón, la equidad, mi justo derecho.
FILINTO
¿No visitaréis a ninguno de los jueces?
ALCESTE
No. ¿Mi causa es injusta o dudosa, acaso?