El Misántropo
El Misántropo ¿Yo? ¡Pardiez! Yo no tengo ni talle ni humor para poder soportar la frialdad de una bella. Queda para las gentes mal hechas, de méritos vulgares, eso de arder constantemente por beldades severas, languidecer a sus pies sufriendo sus rigores, buscar socorro en los suspiros y en las lágrimas, y por medio de una corte muy prolongada tratar de obtener lo que se niega a su poco mérito. Pero las gentes como yo, Marqués, no están hechas para amar a crédito, y hacer todo el gasto. Por súbito que sea el mérito de las damas, pienso que, ¡a Dios gracias!, valemos tanto como ellas, que no es razonable que no les cueste nada el honrarse con un corazón como el mÃo, y que al menos, para que todo sea equitativo, se deben hacer adelantos a los gastos comunes.
CLITANDRO
AsÃ, pues, Marqués, ¿piensas estar muy bien aquÃ?
ACASTO
Tengo alguna razón, Marqués, para pensarlo asÃ.
CLITANDRO
Créeme, sal de ese acabado error; tú te jactas, caro mÃo, y a ti mismo te ciegas.
ACASTO
Es verdad, me jacto y me ciego, en efecto.
CLITANDRO