El Misántropo
El Misántropo ¡Pardiez! Al examinarme, no veo dónde encontrar motivo para tener pesarosa el alma. Tengo fortuna, soy joven, pertenezco a una familia que se dice noble con algún fundamento; y por el rango que me da mi linaje, creo que hay pocos cargos a los que no pueda aspirar. En cuanto al valor, al que debemos considerar ante todo, sin vanidad, se sabe que no me falta, y me han visto en sociedad hacer frente a un asunto de manera bastante gallarda y vigorosa. En cuanto a ingenio, lo poseo, sin duda, y buen gusto para juzgar sin estudio y platicar sobre todo, para hacer en los estrenos, de los que soy idólatra, figura de entendido en las butacas del teatro, disponer allà como jefe y hacer ruido en todos los bellos pasajes que lo merecen. Soy bastante diestro, tengo buena apariencia, buena cara, hermosos dientes sobre todo, y el talle muy fino. En cuanto a estar bien colocado, creo sin jactancia que serÃa ridÃculo venir a discutÃrmelo. Me veo estimado tanto como es posible serlo, muy amado del bello sexo, y bien con el Rey. Creo, mi querido Marqués, creo que con esto se puede estar contento de sà mismo en cualquier parte.
CLITANDRO
SÃ; pero encontrando en otra parte fáciles conquistas, ¿por qué exhalar aquà suspiros inútiles?
ACASTO