El Misántropo
El Misántropo Señora, yo creo que todo se puede alabar o reprender y que todos tienen razón según la edad o la afición. Hay una edad para la galanterÃa y hay también una propia para ser mojigata. Se puede, por polÃtica, tomar este partido cuando se amortigua el resplandor de nuestra juventud: ello sirve para cubrir fastidiosos contratiempos. Yo no digo que no siga un dÃa vuestras huellas: la edad lo traerá todo, pero como sabemos, señora, no es el momento de ser gazmoña a los veinte años.
ARSINOE
Ciertamente, os engreÃs por una ventaja bien pobre, y ponderáis vuestra edad de un modo terrible. Lo que de ella pueda uno tener más que vos no es tanto como para envanecerse asÃ; y no sé por qué vuestra alma se encarniza, señora, en acosarme de tan extraña manera.
CELIMENA
Y yo, señora, tampoco sé porqué se os ve desencadenaros contra mà en todas partes. ¿Hay que caer sobre mà sin cesar por todos vuestros disgustos? ¿Soy yo responsable de los homenajes que no se os rinden? Si mi persona inspira amor a las gentes, y si continúan ofreciéndome todos los dÃas suspiros, que vuestro corazón puede desear que me falten, no sé qué hacer por ello y no es mÃa la culpa: tenéis libre el campo y yo no impido que tengáis encantos para atraerlos.
ARSINOE