El Misántropo
El Misántropo No, es para Oronte, y me gusta que lo crean; recibo con mucha alegrÃa sus homenajes; admiro lo que dice, estimo lo que es, y estoy de acuerdo con cuanto queráis. Hacedlo, decidÃos, no os detenga nada, y no sigáis calentándome la cabeza.
ALCESTE (aparte)
¡Cielos! ¿Se inventó acaso algo más cruel? ¿Y fue jamás otro corazón tratado de tal manera? ¿Cómo? (Estoy conmovido contra ella por una justificada cólera, soy yo quien vengo a quejarme y es a mà a quien se regaña! ¡Se impulsan mis sospechas y mi dolor hasta el último extremo, se me deja creer todo, se jactan de todo; y sin embargo mi corazón es tan cobarde como para no poder romper la cadena que lo liga, ni armarse de un generoso desprecio contra la ingrata de la que está por demás prendado! (A Celimena.) ¡Ah, qué bien sabéis en esto, pérfida, serviros contra mà mismo de mi debilidad sin lÃmites! ¡Y manejar en favor vuestro el exceso prodigioso de este fatal amor engendrado por vuestros ojos traidores! Defendéos al menos de un crimen que me agobia, y cesad en esa afectación de ser culpable conmigo; demostradme, si es posible, que es inocente esta carta.: mi ternura consiente en ayudaros; esforzáos vos en parecer fiel, y yo me esforzaré en creer que lo sois.
CELIMENA