Tartufo
Tartufo TARTUFO: Sí, conozco los socorros que he podido recibir, pero el interés del príncipe es mi primer deber, y la justa violencia de este deber sagrado ahoga todo reconocimiento en mi corazón, a tal punto que a tan potentes obligaciones sacrificaría amigos, mujer, parientes y hasta mi misma persona.
ELMIRA: ¡Impostor!
DORINA: ¡Cuán traicioneramente sabe encubrirse con todas las cosas venerables!
CLEANTO: Si ese celo del que alardeáis y que os impulsa es tan perfecto como decís, ¿por qué, para delatar a vuestro bienhechor, habéis esperado a que él os sorprendiese persiguiendo a su mujer y se viera obligado a expulsaros de casa, mirando a su honor? No os hablo ya de la donación que de todos sus bienes acababa de haceros; pero, si queréis acusarle de culpable hoy, ¿por qué consentisteis en tomar cosa alguna de él?
TARTUFO (Al EXENTO): Libradme, señor, de estas pláticas menudas y dignaos, os o ruego, cumplir vuestra orden.
EL EXENTO: Sí; demasiado la estamos demorando y vuestra boca muy oportunamente me inclina cumplirla, señor Tartufo. Para ejecutarla, seguidme muy luego a la prisión que se os da por morada.
TARTUFO: ¿Cómo? ¿A mí, señor?
EL EXENTO: Sí, a vos.
TARTUFO: ¿Por qué?