Tartufo
Tartufo CLEANTO: Dorina, hermano, se ha burlado de vos en vuestras barbas y, sin querer enojaros, os digo con franqueza que tiene razón. ¿Se ha visto alguna vez capricho semejante? ¿Es posible que haya un hombre con un poder mágico tal como para haceros olvidarlo todo por él? Un hombre que, tras reparar en vuestra casa todas sus miserias, llega al punto…
ORGON: Alto ahÃ, hermano. No conocéis a aquel de quien habláis.
CLEANTO: Puesto que asà lo queréis, confieso que no le conozco, pero para saber qué clase de hombre es…
ORGON: Os encantarÃa conocerlo. SÃ; infinito serÃa vuestro arrobamiento. Es un hombre que…, un hombre, ¡ah!, un hombre… En fin, es un hombre. El que se instruye bien de sus lecciones goza de paz profunda. Mira a todos como si fuesen despreciable estiércol. Merced a sus pláticas, me he trocado en otro del que era. Él me ha enseñado a no tener afecto por nadie, ha apartado mi alma de toda amistad, y tanto es asÃ, que si yo viese morir a mi hermano, hijos, madre y esposa, no me curarÃa de ello.
CLEANTO: ¡Humanos sentimientos, cuñado!
