Tartufo
Tartufo ORGON: Mariana…
MARIANA: ¿Padre?
ORGON: Acercaos, que he de comunicaros una cosa en secreto.
MARIANA: ¿Qué miráis?
ORGON (que se ha asomado a un cuartito lateral): Miro si no habrá ahí alguien que nos oiga, porque ese gabinetito es propicio para escuchar. Pero no hay nadie. Yo, Mariana, os he reconocido siempre un carácter muy dulce y siempre me habéis sido muy querida.
MARIANA: Muy obligada estoy a ese amor paterno.
ORGON: Bien dicho, hija. Y para merecerlo sólo es menester que me contentéis.
MARIANA: En ello cifro mi gloria más alta.
ORGON: Muy bien. ¿Qué me decís de Tartufo, nuestro huésped?
MARIANA: ¿Yo?
ORGON: Vos. Ved bien lo que me respondéis.
MARIANA: Yo diré cuanto vos queréis.
ORGON: Eso es hablar con discreción. (DORINA entra en este momento sin hacer ruido y se sitúa detrás de ORGON): Decid, pues, hija, que toda la persona de ese hombre resplandece de elevado mérito, que él conmueve vuestro corazón y que os sería dulce verle, por mi elección, trocado en vuestro esposo.
MARIANA (Retrocediendo, con asombro.): ¿Eh?
