Tartufo
Tartufo VALERIO: Harto insulto es éste y voy a complaceros, señora. (Da un paso para irse, pero vuelve).
MARIANA: Bien está.
VALERIO: Cuando menos recordad que sois vos quien forzáis a mi corazón a este esfuerzo.
MARIANA: Sí.
VALERIO: Y que sólo a ejemplo vuestro ha concebido mi alma esa decisión.
MARIANA: Sea, a ejemplo mío.
VALERIO: Basta; voy a contentaros en este mismo punto.
MARIANA: Mejor es.
VALERIO: Sabed que me voy para toda la vida.
MARIANA: Enhorabuena.
VALERIO (Alejándose y volviendo después desde la puerta.): ¿Eh?
MARIANA: ¿Qué?
VALERIO: ¿No me llamabais?
MARIANA: ¿Yo? Soñáis.
VALERIO: Bien; me marcho. Adiós, señora.
MARIANA: Adiós, señor.
DORINA: Paréceme que perdéis el seso con esa extravagancia, y os he dejado por tanto rato querellaros para ver hasta dónde podía llegar eso. ¡Hola, señor Valerio! (Lo sujeta por el brazo. VALERIO finge gran resistencia).
VALERIO: ¿Qué quieres, Dorina?