Tartufo
Tartufo MARIANA: No lo dudo, pues la inclinación que despierta el mérito…
VALERIO: Dejemos, por Dios, el mérito, ya que tengo sin duda muy poco, según vos dais fe de ello. Mas espero que otra muestre conmigo bondades y sé del alma de alguna que consentirá gustosa, sin sentirse rebajada, en reparar lo que ahora pierdo.
MARIANA: No es pérdida grande y os consolaréis del cambio con facilidad.
VALERIO: Podéis creer que haré todo lo posible para ello. Porque un corazón que nos olvida compromete nuestra opinión y en olvidarlo también han de ponerse los mayores afanes. Aun si no se logra, se debe fingir, que es imperdonable cobardÃa mostrar amor por quien nos abandona.
MARIANA: Ese sentimiento es, a no dudarlo, elevado y noble.
VALERIO: Mucho, y nadie puede dejar de probarlo. ¿Os querÃais que mi alma guardase siempre para vos los ardores de mi llama y os viese pasar, ante mis ojos, a brazos ajenos sin poner en otra parte un corazón que se desdeña?
MARIANA: Antes bien deseo que asà sea, y por mà preferirÃa verlo hecho ya.
VALERIO: ¿Lo querrÃais?
MARIANA: SÃ.