Tartufo
Tartufo MARIANA: Bien, señor. Me atenderé a vuestro consejo.
VALERIO: Creo que no tendréis en verdad trabajo en seguirlo.
MARIANA: No más que vos habéis sufrido al darlo.
VALERIO: Lo he dado por satisfaceros, señora.
MARIANA: Y yo lo seguiré por daros satisfacción.
DORINA: Veamos lo que sale de esto.
VALERIO: ¿Eso es amar? ¿Así que me engañabais cuando…?
MARIANA: No hablemos de ello, os lo ruego. Habéis, dicho francamente que debo aceptar al que por esposo me presentan y yo declaro que aceptaré, pues tan saludable consejo me dais.
VALERIO: No os excuséis conmigo, que ya habíais vos tomado vuestras resoluciones y ahora os asís a un frívolo pretexto para autorizar vuestra falta de palabra.
MARIANA: Bien dicho y verdadero.
VALERIO: Sin duda. Jamás vuestro corazón ha sentido verdadero transporte por mí.
MARIANA: ¿Os permitís, vos, ese pensamiento?
VALERIO: Sí me lo permito; mas sabed que mi alma ofendida acaso se os adelante con propósito análogo; que sé dónde poner mis deseos y mi mano.