Tartufo
Tartufo TARTUFO: Dejadle hablar, pues le acusáis sin justicia y más vale que creáis en sus referencias. ¿Por qué serme tan favorable un hecho tal? ¿Sabéis, al cabo, de qué puedo ser capaz yo? ¿Fiáis de mi exterior, hermano? Ya veo que me creéis mejor de lo que soy, pero no os dejéis engañar por las apariencias. Asegúroos que no soy sino lo que se piensa; que todos me toman por hombre de bien, mas la pura verdad es que no valgo nada. (Se dirige a DAMIS). Sí, querido hijo mío: hablad, tratadme de pérfido, de infame, de perdido, de ladrón, de homicida. Colmadme de nombres aun más aborrecidos, pues los merezco. De rodillas quiero recibir esta ignominia como afrenta debida a los crímenes de mi existencia.
ORGON (A TARTUFO): Basta, hermano; es demasiado. (A DAMIS) ¿No se doblega tu corazón traidor?
DAMIS: ¿Cómo? ¿Os seducirán sus discursos hasta el punto…?
ORGON: Calla, bellaco. Levantaos, hermano Tartufo. (A su hijo). ¡Infame!
DAMIS: ¿Es posible…?
ORGON: No digas una palabra si no deseas que te quiebre los brazos.
DAMIS: ¡Oh! Pero yo aseguro…
TARTUFO: No os enfurezcáis, hermano, por Dios. Prefiero sufrir la pena más dura a que vuestro hijo reciba ni el menor arañazo.