Tartufo
Tartufo ELMIRA: ¡Dios mío! Vuestro amor se produce como un verdadero tirano y me sume el ánimo en singular agitación. ¡Qué furioso imperio adquiere sobre los corazones y con qué violencia busca lo que desea! ¿No es posible guardarse de vuestra persecución, ni aun tomarse tiempo para respirar? ¿Es, justo ejercer rigor tan grande, exigir implacablemente las cosas que se piden y abusar con vuestros ahincados esfuerzos de la debilidad que por vos se tiene?
TARTUFO: Si miráis con ojos benignos mis homenajes, ¿por qué rehusarme testimonies seguros?
ELMIRA: ¿Y cómo consentir en lo que queréis sin ofender al Cielo, del que vos habláis sin cesar?
TARTUFO: Si es sólo el Cielo lo que se me opone, poca cosa es para mi quitar tal obstáculo. No retenga eso el ansia de vuestro corazón.
ELMIRA: ¡Nos infunden tanto terror con los decretos del Cielo!