Tartufo
Tartufo TARTUFO: Sin duda es, señora, dulzura extrema oír esas palabras de una boca amada. Su miel hace correr a largos caños por todos mis sentidos una suavidad nunca gustada. Mi fin supremo es la dicha de complaceros, y mi corazón convierte vuestras frases en beatitud para mí. Pero este corazón os pide la libertad de osar dudar un tanto de su dicha y creer vuestras palabras un honrado artificio para obligarme a romper un enlace próximo. Y si con vos he de explicarme francamente, os diré que no fiaré en esas expresiones tan dulces si algunos de esos vuestros favores por los que tanto suspiro, no vienen a garantizarme lo que las palabras han podido decirme, implantando en mi alma una constante fe en las bondades que tenéis conmigo.
ELMIRA (Tosiendo para advertir a su marido.): ¿Con esa celeridad queréis ir y tan pronto agotar la ternura de un corazón? ¿Mátome por haceros una confesión dulcísima y ello no os basta y se ha, para satisfaceros, de llegar hasta los últimos favores?
TARTUFO: Cuanto menos se merece y se osa esperar un bien, más trabajo cuesta a nuestras ansias conformarse con discursos. Fácilmente se desconfía de una suerte tan gloriosa y se quiere gozarla antes de creerla. Tan poco creo merecer vuestras bondades, que dudo de la realización de mi temeridad. Nada creeré, pues, señora, mientras no hayáis convencido con realidades mi llama.