Tartufo
Tartufo ELMIRA: ¡Qué mal conocéis el corazón de las mujeres si semejante negativa os ha incomodado! ¡Y que poco sabéis lo que quieren hacer entender cuando tan débilmente resisten! En esos momentos nuestro pudor combate siempre toda razón que hallemos contra el amor que nos avasalla. Siempre se halla en confesarlo alguna vergüenza. Prohibimos primero, mas por el talante que tomamos se hace entender bien que nuestro corazón se rinde, que sólo por honor se opone nuestra boca a nuestras ansias y que negativas tales lo prometen todo. Sin duda, esto es haceros una confesión harto libre y cuidarme poco de mi pudor; pero, pues en esto estamos, decidme: de no ser así, ¿habría yo procurado retener a Damis, hubiera oído con tanta calma y tan largamente la ofrenda de vuestro corazón, hubiese tomado la cosa como la tomé? Y cuando he querido forzaros a que renunciaseis al casamiento que acababa de anunciarse, esta instancia ha debido haceros comprender el interés que os tengo y el disgusto que me causaría que el romper aquel vínculo viniese, al menos, a hacerme compartir el corazón anhelado.