Tartufo
Tartufo ELMIRA (Después de toser una vez más.): Ya veo que es necesario prepararse a ceder, que debo otorgarlo todo y que, a no mediar esto, no me cabe persuadir. Desastroso es, sin duda, llegar a eso y muy a pesar mÃo lo hago; pero, puesto que se obstinan en reducirme a ello, puesto que no se cree en nada de lo que digo, y se quieren testimonies más convincentes, menester es resolverse y contentar. Si mi consentimiento entraña alguna ofensa, recaiga sobre quien me fuerza a tal violencia. La culpa en verdad no es mÃa.
TARTUFO: SÃ, señora; sobre mà recae, y la cosa en sÃ…
ELMIRA: Os ruego que abráis la puerta y miréis si no estará mi esposo en esa galerÃa.
TARTUFO: No merece la pena de que nos tomemos ese cuidado. Es hombre, hablando entre nosotros, fácil de conducir por las orejas. De todas nuestras pláticas él no hará sino elogios; que le he puesto en el punto de verlo todo y no creer nada.
ELMIRA: No importa. Os ruego que salgáis un momento y miréis con exactitud, toda la galerÃa.