Tartufo
Tartufo ORGON: ¿Debo considerar una solicitud caritativa el deseo de abrazar a mi mujer?
PERNELLE: Para acusar a la gente son menester justas causas y debéis esperar a veros seguro de las cosas.
ORGON: ¡Oh, diantre! ¿Por qué medio asegurarme mejor? ¿Querríais, madre mía, que para cerciorarme más, hubiera esperado a que él…? ¡Acabaréis haciéndome decir alguna mala razón!
PERNELLE: Se ve en Tartufo un alma llena de purísimo celo, y no puedo llegar a convencerme de que haya tentado las cosas que se dice.
ORGON: Si no fuereis mi madre no sólo que os contestaría, porque estoy encolerizado en extremo.
DORINA: Justo pago, señor, de lo que pasaba aquí. No queríais creer y no se os cree.
CLEANTO: Estamos perdiendo el tiempo en puras fruslerías. Es necesario emplearlo en tomar medidas, porque no deben despreciarse las amenazas de ese bellaco.
DAMIS: ¿Llegaría su desvergüenza al punto…?
ELMIRA: No lo creo posible, aunque su ingratitud es harto notoria.