Tartufo
Tartufo LEAL: Se os deja tiempo. Daré hasta mañana dilatoria de la ejecución del mandato. Únicamente vendré a pasar aquà la noche con diez de mis hombres, sin escándalo ni ruido algunos, y se deberá, sólo por fórmula, darme, antes de acostaros, las llaves de vuestra puerta. Yo cuidaré de no turbar vuestro reposo ni permitir ninguna inconveniencia. Pero mañana temprano deberéis estar en condiciones de sacar de aquà hasta el menor utensilio. Mis hombres os ayudarán, que los he elegido recios para que puedan haceros servicio de sacarlo todo. Paréceme que no puedo portarme mejor y, ya que os trato con tanta indulgencia, espero, señor, que os conduzcáis bien y hagáis que no se me estorbe en nada en el ejercicio de mi cargo.
ORGON: Con grandÃsimo placer darÃa ahora mismo los cien mejores luises que me quedan con tal de descargar en esa jeta la puñada mayor que pueda asestarse.
CLEANTO: No precipitemos las cosas.
DAMIS: Cuéstame trabajo contenerme ante tan singular audacia, y siento que se me escapa la mano.
DORINA: A fe mÃa, señor Leal, creo que a unas espaldas como las vuestras no les sentarÃan mal algunos bastonazos.
LEAL: Bien cabrÃa castigar esas infames palabras, amiga mÃa; que también se decreta contra las mujeres.