El Burlador de Sevilla

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“Grosería, grosería.”

No se apartó de su lado

hasta cenar, de manera

que todos pensaban que era

yo padrino, él desposado.

Y si decirle quería

algo a mi esposa, gruñendo

me la apartaba, diciendo:

“Grosería, grosería.”

Pues llegándome a quejar

a algunos me respondían,

y con risa me decían:

“No tenéis de qué os quejar.

Eso no es cosa que importe,

no tenéis de qué temer,

callad, que debe de ser

uso de allá en la corte.”

Buen uso, trato extremado,

más no se usara en Sodoma;

que otro con la novia coma,

y que ayune el desposado.

Pues el otro bellacón,

a cuanto comer quería,

“¿Esto no coméis?,” decía.

“No tenéis, señor, razón.”

Y de delante, al momento

me lo quitaba. Corrido


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