El Burlador de Sevilla
El Burlador de Sevilla no se absuelve, aunque él desista.
JUAN:
En no siendo consumado,
por engaño o por malicia,
puede anularse.
AMINTA:
Es verdad;
mas ¡ay Dios!, que no querría
que me dejases burlada,
cuando mi esposo me quitas.
JUAN:
Ahora bien, dame esa mano,
y esta voluntad confirma
con ella.
AMINTA:
¿Que no me engañas?
JUAN:
Mío el engaño sería.
AMINTA:
Pues jura que cumplirás
la palabra prometida.
JUAN:
Juro a esta mano, señora,
infierno de nieve fría,
de cumplirte la palabra.
AMINTA:
Jura a Dios, que te maldiga