El Burlador de Sevilla
El Burlador de Sevilla mas no será el yerro tanto
si el duque Octavio lo enmienda).
(Vanse todos. Salen el duque OCTAVIO, y RIPIO su criado)
RIPIO:
¿Tan de mañana, señor,
te levantas?
OCTAVIO:
No hay sosiego
que pueda apagar el fuego
que enciende en mi alma Amor.
Porque, como al fin es niño,
no apetece cama blanda,
entre regalada holanda,
cubierta de blanco armiño.
Acuéstase. No sosiega.
Siempre quiere madrugar
por levantarse a jugar,
que al fin como niño juega.
Pensamientos de Isabela
me tienen, amigo, en calma;
que como vive en el alma,
anda el cuerpo siempre en vela,
guardando ausente y presente,
el castillo del honor.
RIPIO:
Perdóname, que tu amor