El Burlador de Sevilla
El Burlador de Sevilla mas milagrosamente
ya tierra los dos toman,
sin aliento el que nada,
con vida el que le estorba.
(Saca en brazos CATALINÓN a don JUAN, mojados)
CATALINÓN:
¡Válgame la Cananea,
y qué salado es el mar!
Aquà puede bien nadar
el que salvarse desea,
que allá dentro es desatino
donde la muerte se fragua.
Donde Dios juntó tanta agua
¿no juntara tanto vino?
Agua, y salada. Extremada
cosa para quien no pesca.
Si es mala aun el agua fresca,
¿qué será el agua salada?
¡Oh, quién hallara una fragua
de vino, aunque algo encendido!
Si del agua que he bebido
hoy escapo, no más agua.
Desde hoy abrenuncio de ella,
que la devoción me quita
tanto, que aun agua bendita
no pienso ver, por no vella.
¡Ah señor! Helado y frÃo