El Burlador de Sevilla
El Burlador de Sevilla que sus labios no mentían!
Estando, amigos, pescando
sobre este peñasco, vi
hundirse una nave allí,
y entre las olas nadando
dos hombres, y compasiva
di voces que nadie oyó;
y en tanta aflicción llegó
libre de la furia esquiva
del mar, sin vida a la arena,
de éste en los hombros cargado,
un hidalgo, ya anegado;
y envuelta en tan triste pena,
a llamaros envïé.
ANFRISO:
Pues aquí todos estamos,
manda que en tu gusto hagamos,
lo que pensado no fue.
TISBEA:
Que a mi choza los llevemos
quiero, donde agradecidos
reparemos sus vestidos
y a ellos los regalemos,
que mi padre gusta mucho
de esta debida piedad.
CATALINÓN:
Extremada es su beldad.