El condenado por desconfiado
El condenado por desconfiado PEDRISCO Mas, ¿qué le absuelve ahora el ladronazo?
CELIA Y tú, ¿qué has hecho, Enrico?
ENRICO Oigan voarcedes.
ESCALANTE Nadie cuente mentiras.
ENRICO Yo soy hombre
que en mi vida las dije.
GALVÁN Tal se entiende.
PEDRISCO ¿No escucha, padre mío, estas razones?
PAULO Estoy mirando a ver si viene Enrico.
ENRICO Haya, pues, atención.
CELIA Nadie te impide.
PEDRISCO ¡Miren a qué sermón atención pide!
ENRICO Yo nací mal inclinado, como se ve en los efectos
del discurso de mi vida, que referiros pretendo. Con regalos me crié en Nápoles, que ya pienso que conocéis a mi padre, que aunque no fue caballero ni de sangre generosa, era muy rico y yo entiendo que es la mayor calidad el tener en este tiempo. Crieme, en fin, como digo, entre regalos, haciendo travesuras cuando niño, locuras cuando mancebo. Hurtaba a mi viejo padre arcas y cofres abriendo los vestidos que tenía, las joyas y los dineros. Jugaba, y digo jugaba para que sepáis con esto que de cuantos vicios hay es el primer padre el juego. Quedé pobre y sin hacienda, y como enseñado a hacerlo, di en robar de casa en casa cosas de pequeño precio. Iba a jugar y perdía;