Los ensayos
Los ensayos El buen consejo de Solón puede entenderse justificadamente de esta manera. Pero se trata de un filósofo, y, para ellos, los favores y las desventuras de la fortuna no tienen rango ni de felicidad ni de desdicha, y las grandezas[14] y los poderes son avatares de calidad casi indiferente. Por lo tanto, encuentro verosímil que haya mirado más lejos, y haya querido decir que ni siquiera aquella felicidad de nuestra vida que depende de la tranquilidad y satisfacción de un espíritu bien nacido, y de la determinación y confianza de un alma ordenada, debe atribuirse jamás al hombre, mientras no le hayamos visto representar el último, y sin duda más difícil, acto de su comedia. En todo lo demás puede haber una máscara. Tal vez esos bellos discursos de la filosofía sólo están en nosotros de una manera fingida, acaso los infortunios no nos prueban hasta lo más vivo y nos permiten seguir manteniendo un semblante sereno. Pero, en este último papel entre la muerte y nosotros, no queda nada que fingir, hay que hablar claro,[15] debe mostrarse lo que hay de bueno y de limpio en el fondo del tarro:
Nam uerae uoces tum demum pectore ab imo
eiiciuntur, et eripitur persona, manet res.[16]
[Pues sólo entonces las palabras verídicas brotan del
fondo del corazón, y cae la máscara, permanece la realidad].