Los ensayos

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c | Las disensiones entre escuelas filosóficas son, en este caso, verbales. Transcurramus solertissimas nugas[4] [Pasemos por alto estas sutilísimas minucias]. Tienen más de obstinación y de charlatanería de lo que corresponde a tan santa profesión. Pero, sea cual fuere el papel que el hombre asuma, entretanto nunca deja de interpretar el suyo. Digan lo que digan, incluso en la virtud el objetivo último al que nos dirigimos es el placer.[5] Me agrada azotarles los oídos con una palabra que les disgusta tanto. Y, si significa un placer supremo y una satisfacción extrema, conviene más que asista más a la virtud que a ninguna otra cosa. Este placer, por ser más airoso, enérgico, robusto, viril, no es sino más seriamente placentero. Y deberíamos darle[6] el nombre de placer, más favorable, más dulce y natural; no el de vigor, con el cual la hemos denominado.[7] Este otro deleite más bajo, en caso de merecer tal hermoso nombre, debería compartirlo, no poseerlo en exclusiva. Me parece menos libre de inconvenientes y de obstáculos que la virtud. Aparte de que su sabor es más momentáneo, pasajero y caduco, tiene sus vigilias, sus ayunos y sus tormentos, y su sudor y su sangre. Y, además, en particular, sus sufrimientos agudos de muchos tipos, y, por añadidura, una saciedad tan pesada que puede equipararse con una penitencia. Caemos en un gran error pensando que tales inconvenientes sirven de aguijón y de condimento a su dulzura, al modo que en la naturaleza el contrario se vivifica con el contrario,[8] y diciendo, al referirnos a la virtud, que consecuencias y dificultades similares la abaten, la vuelven arisca e inaccesible. Al contrario, con mucha mayor propiedad que al deleite, ennoblecen, avivan y realzan el placer divino y perfecto que nos brinda. Si alguien compara su coste con su beneficio, ciertamente es muy poco digno de su trato, y no conoce ni sus gracias ni su uso. Quienes nos enseñan que su búsqueda es escabrosa y ardua, y su posesión grata,[9] ¿qué nos dicen con eso sino que es siempre desagradable? Pues ¿qué medio humano alcanza jamás su posesión? Los más perfectos se han contentado con aspirar a ella, y con acercársele sin poseerla. Pero se equivocan, pues en todos los placeres que conocemos la misma persecución es placentera. La empresa se siente partícipe de la cualidad de aquello que pretende. Es, en efecto, buena parte del resultado, y consustancial a él. La felicidad y la beatitud que brillan en la virtud colman todas sus dependencias y accesos, desde la primera entrada hasta el último límite. Ahora bien, entre los principales beneficios de la virtud, figura el desprecio de la muerte, medio que procura a nuestra vida una muelle tranquilidad, y que nos vuelve su sabor puro y amable, sin lo cual todo otro deleite se extingue.


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