Los ensayos
Los ensayos a | Por eso, todas las reglas coinciden y convienen en este artÃculo.[10] Y aunque todas ellas nos conduzcan también, de común acuerdo, a despreciar el dolor, la pobreza y otros infortunios a los que está expuesta la vida humana, no lo hacen con el mismo esmero.[11] Y ello se debe a que tales infortunios no tienen la misma necesidad —la mayorÃa de hombres pasa la vida sin probar la pobreza, y algunos, incluso sin sentir ni el dolor ni la enfermedad, como Jenófilo el músico, que vivió ciento seis años en perfecta salud—,[12] y también a que, en el peor de los casos, la muerte puede poner fin y hacer cesar, cuando nos plazca, todos los demás inconvenientes. Pero, en cuanto a la muerte, es inevitable:
b | Omnes eodem cogimur, omnium
uersatur urna, serius ocius
sors excitura et nos in aeternum
exitium impositura cymbae.[13]
[Todos nos vemos obligados a ir allÃ, se revuelve en la urna la suerte que, tarde o temprano, nos embarcará hacia la muerte eterna].