Los ensayos
Los ensayos Que tantas casas defendidas se hayan perdido, mientras que ésta se mantiene, me hace sospechar que se han perdido porque estaban defendidas. Es eso lo que da las ganas y la razón al asaltante. Toda defensa tiene el aspecto de la guerra. Alguno se abalanzará, si Dios quiere, contra mi casa; pero sea como fuere yo no lo llamaré. Es el retiro para reponerme de las guerras. Intento sustraer este rincón de la tormenta pública, como lo hago con otro rincón en mi alma. Por más que nuestra guerra cambie de formas, se multiplique y diversifique en nuevas facciones, yo, por mi parte, no me muevo. Entre tantas casas armadas, sólo yo, que yo sepa,[41] entre los de mi condición, he confiado enteramente al cielo la defensa de la mía. Y jamás he sacado de ella ni vajilla de plata ni título ni tapicería.[42] No quiero ni temer por mí ni salvarme a medias. Si un pleno reconocimiento obtiene el favor divino, me durará hasta el fin; si no, ya he durado bastante para hacer que mi duración sea notable y digna de registro. ¡Ya lo creo! Hace ya treinta años.[43]