Los ensayos
Los ensayos a | Existen el nombre y la cosa. El nombre es un sonido que representa y significa la cosa; el nombre no es una parte de la cosa ni de la sustancia, es un elemento extraño unido a la cosa y exterior a ella.[1] Dios, que es en sà absoluta plenitud y el súmmum de toda perfección, no puede experimentar aumento ni incremento interior; pero su nombre puede aumentarse e incrementarse por medio de la bendición y la alabanza que dedicamos a sus obras exteriores.[2] Alabanza que, puesto que no podemos incorporársela a Él, ya que en Él no puede darse aumento de bien, la atribuimos a su nombre, que es el elemento exterior a Él más próximo.[3] De este modo, gloria y honor pertenecen sólo a Dios;[4] y nada se aleja tanto de la razón como perseguirlas para nosotros. En efecto, siendo interiormente indigentes y necesitados, siendo nuestra esencia imperfecta y precisando continua mejora, debemos esforzarnos en esto. Somos del todo huecos y vacÃos; no hemos de llenarnos de viento y de sonido; necesitamos una sustancia más sólida para mejorar.[5] Un hombre hambriento serÃa muy necio si buscara proveerse antes de ropa hermosa que de buena comida. Hay que atender a lo más urgente. Como dicen nuestras oraciones habituales: «Gloria in excelsis Deo, et in terra pax hominibus»[6] [Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres]. Sufrimos escasez de belleza, salud, sabidurÃa, virtud y demás cualidades esenciales; los adornos externos se buscarán una vez que hayamos provisto a las cosas necesarias. La teologÃa trata de manera amplia, y más pertinente, este asunto, pero yo no estoy muy versado en ella.