Los ensayos
Los ensayos Estos discursos son, a mi juicio, infinitamente verdaderos y razonables. Pero somos, no sé cómo, dobles en nosotros mismos, y eso hace que lo que creemos, no lo creamos, y que no podamos deshacernos de aquello que condenamos. Veamos las últimas palabras de Epicuro, dichas en el momento de morir. Son grandes y dignas de un filósofo así, pero hay en ellas, con todo, cierto rastro de recomendación de su nombre, y de esa actitud que había censurado con sus preceptos. He aquí la carta que dictó poco antes del último suspiro:
«Epicuro a Hermarco, ¡salud!
Mientras paso un día feliz y a la vez el último de mi vida, escribo esto, aunque acompañado de tal dolor en la vejiga y en los intestinos, que su intensidad no podría ser mayor. Pese a todo, lo compensa el placer que proporciona a mi alma el recuerdo de mis hallazgos y mis razonamientos. Pero tú, como requiere el afecto que me has profesado desde la infancia a mí y a la filosofía, hazte cargo de la protección de los hijos de Metrodoro».[13]