Los ensayos
Los ensayos a | ¿A quién deben César y Alejandro la infinita grandeza de su renombre sino a la fortuna? ¡A cuántos hombres ha extinguido ésta al inicio de su carrera, de los cuales lo ignoramos todo, que estaban dotados de un valor idéntico al suyo, si el infortunio de su suerte no les hubiera detenido en seco en el nacimiento mismo de sus empresas! En el curso de tantos y tan extremos peligros, no recuerdo haber leído que César sufriera jamás ninguna herida.[29] Mil han muerto por peligros menores que c | el menor de a | los que él superó. Infinitas acciones hermosas deben perderse sin testimonio antes de que se aproveche una. No siempre se está en lo alto de una brecha o al frente de un ejército a la vista del general, como sobre un escenario. Se sufre un ataque por sorpresa entre la valla y el foso; ha de probarse fortuna contra un gallinero; es preciso desalojar a cuatro pobres arcabuceros de una granja; hay que alejarse solo de la tropa y atacar en solitario, conforme a la necesidad que se presenta. Y si prestamos atención, veremos, a mi juicio, que sucede por experiencia que las ocasiones menos ilustres son las más peligrosas; y que en las guerras libradas en estos tiempos se han perdido más hombres de bien en ocasiones leves y poco importantes, y en la disputa de alguna bicoca, que en lugares dignos y honorables. c | Quien dé su muerte por mal empleada si la ocasión no es relevante, en vez de ilustrar su muerte, tiende a oscurecer su vida. Deja escapar entretanto muchas ocasiones justas para arriesgarse. Y todas las que son justas son bastante ilustres. La propia conciencia se las pregona de sobra a cada uno. Gloria nostra est testimonium conscientiae nostrae[30] [Nuestra gloria es el testimonio de nuestra conciencia].