Los ensayos
Los ensayos bronce, la muerte extraerá su cabeza encerrada];
a | aprendamos a oponerle resistencia a pie firme y a combatirla. Y, para empezar a privarle de su mayor ventaja contra nosotros, sigamos un camino del todo contrario al común. Privémosle de la extrañeza, frecuentémosla, acostumbrémonos a ella. No tengamos nada tan a menudo en la cabeza como la muerte. Nos la hemos de representar a cada instante en nuestra imaginación, y con todos los aspectos. Al tropezar un caballo, al caer una teja, a la menor punzada de alfiler, rumiemos enseguida: «Y bien, ¿cuándo será la muerte misma?», y, a partir de ahÃ, endurezcámonos y esforcémonos. En medio de las fiestas y de la alegrÃa, repitamos siempre el estribillo del recuerdo de nuestra condición, y no dejemos que el placer nos arrastre hasta el punto de que no nos venga a la memoria, de vez en cuando, de cuántas maneras nuestra alegrÃa está expuesta a la muerte, y con cuántos medios ésta la amenaza. Asà lo hacÃan los egipcios, que, en pleno banquete, y en medio de la mejor comida, hacÃan traer el esqueleto de un hombre para que sirviera de advertencia a los comensales:[38]
Omnem crede diem tibi diluxisse supremum.
Grata superueniet, quae non sperabitur hora.[39]
[Piensa que cada dÃa te ha amanecido como el
último. Grata te será la hora que no esperes].