Los ensayos
Los ensayos Pero es una locura pensar llegar hasta ahí de esa manera. Van, vienen, trotan, danzan; sobre la muerte, ninguna noticia. Todo eso es bonito. Pero también, cuando les llega, a ellos o a sus mujeres, hijos y amigos, y les sorprende de improviso y sin protección, ¿qué tormentos, qué gritos, qué rabia y qué desesperación no les abruman? ¿Has visto jamás nada tan abatido, tan turbado, tan confuso? Hay que prepararse con más adelanto; y esa despreocupación brutal, aunque pudiera alojarse en la cabeza de un hombre de entendimiento —cosa que me parece del todo imposible—, nos vende su género a un precio excesivo. Si se tratara de un enemigo que cupiera evitar, yo aconsejaría tomar prestadas las armas de la cobardía. Pero, dado que no se puede, b | dado que te atrapa huyendo y cobarde no menos que hombre honorable,
a | Nempe et fugacem persequitur uirum,
nec parcit imbellis iuventae
poplitibus, timidoque tergo,[36]
[En efecto, también persigue al que huye, y no perdona las cobardes piernas y la temerosa espalda de la juventud],
b | y dado que ningún temple de coraza te protege,
Ille licet ferro cautus se condat aere,
mors tamen inclusum protrahet inde caput;[37]
[Aunque, desconfiando del hierro, se proteja con